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El cambio vendrá de los ciudadanos

Las Islas Salomón, saturadas de residuos plásticos.

Amarrado frente a la capital de Honiara, Race for Water ha pasado 10 días en las Islas Salomón, en un contexto de insurgencia como consecuencia de la elección del primer ministro; de hecho, los disturbios y los saqueos siguieron a los resultados de la votación, el candidato electo siendo conocido por su inclinación a la corrupción.

A pesar de esta incómoda situación, el programa de los representantes de la Fundación pudo llevarse a cabo con casi 111 personas acogidas a bordo: alumnos escolares

La conclusión: si bien las calles están saturadas de plásticos y hay dificultades en implementar el cambio, están surgiendo iniciativas individuales, asociativas o comunitarias. La sensibilización de la población es cada vez más importante y aquí, como en Vanuatu, podemos suponer que el cambio vendrá de los ciudadanos.

Las Islas Salomón

Las Islas Salomón forman un vasto archipiélago el este de Papua Nueva Guinea. Se extiende por más de 1.400 kilómetros de largo y 800 kilómetros de ancho. Tiene 992 islas, continentales, coralinas o volcánicas, y 147 de ellas están deshabitadas. El paisaje combina tonos de verde y azul. Los densos bosques cubren el 80% del territorio y albergan a 4.500 especies de plantas y 173 especies de aves, incluido el famoso megápodo. A sus pies, atolones y acantilados volcánicos albergan cocodrilos marinos, tortugas, dugongos y una especie endémica de serpiente marina.

La población melanesia vive principalmente de la agricultura y la pesca. La tala y la minería son también una fuente de empleo.

Recientemente independizado (1978), el país es parte de la Commonwealth y reconoce a la Reina de Inglaterra como jefa de estado. En Honiara, la capital, la elección del primer ministro tuvo lugar la semana pasada. Los disturbios y los saqueos siguieron a los resultados de la votación, ya que el candidato electo es conocido por su inclinación a la corrupción.

La dispersión geográfica y humana dificulta que este pequeño y joven estado se afirme como una entidad política estable y viable. Sin embargo, con la ayuda de los países vecinos, está bien encaminado.

Antes había el biodegradable…

Anclamos en Honiara, frente al club náutico. El agua es clara, peces multicolores nadan juguetonamente bajo el barco. No podemos ni imaginar que, a cien metros de distancia, el plástico está en todas partes.

En la playa, las conchas se mezclan con docenas de residuos plásticos. El arroyo que parece ser un vivero de peces está lleno de botellas, bolsas, envases…

En las calles, los residuos plásticos están por todas partes. Vemos pocos cubos de basura y, cuando encontramos uno, o está lleno hasta el borde, o está medio vacío y rodeado de basura…

Farlaii, un candidato a la municipalidad de Honiara, explica la situación: “Antes, la comida se solía envolver en un material vegetal (pandano, coco, hoja de plátano), la gente luego consumía y desechaba este material vegetal. Con la llegada del plástico, desafortunadamente no llegó un cambio de hábito, y la costumbre sigue siendo de tirar los desechos a la calle, antes que tirarlos a la basura o reciclarlos.”

David, miembro del ministerio de pesca y encargado de sensibilizar a la comunidad, añade: “Hay programas nacionales de educación y concientización ambiental. Pero hay una falta de medios y seguimiento. El gobierno debería ser más riguroso para que la gente se sienta realmente preocupada por la recolección y separación de los residuos.”

Como en todas partes, la creciente importación de productos plásticos y la normalización de su uso extendido en el estilo de vida actual está superando el vertedero del país. Desafortunadamente, el sistema actual de recolección no se ajusta a las necesidades y solo se separan los materiales con valores de mercado como el aluminio, el vidrio y el cobre. El plástico, a pesar del gran volumen que ocupa en la basura doméstica, es el gran olvidado; es enterrado o quemado.

Parte de la población local es consciente de la invasión de este último. Están surgiendo iniciativas individuales, asociativas y comunitarias. La sensibilización de la población es cada vez más importante y aquí, como en Vanuatu, podemos suponer que el cambio vendrá de los ciudadanos.

Por ahora, las calles están saturadas de plásticos y hay dificultades para implementar el cambio.

Esperamos que la población reaccione, que el gobierno se haga cargo del problema de los residuos porque ya es hora.

Dejamos Honiara atrás, miramos por última vez estas hermosas montañas y costas. Tal vez algún día, aquí, como en otros lugares, el plástico desaparecerá de los ríos y océanos.

Informe de Anne-Laure Le Duff, segunda capitana

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